
Con amplia sonrisa, la tenista Gabriela Sabatini -medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988- ingresó con la Antorcha Olímpica al destino final de su recorrido por la Ciudad de Buenos Aires: el Club Hípico Argentino.
Tras un discurso del jefe de Gobierno Mauricio Macri, Carlos Espínola -medalla de plata en yachting en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y Sydney 2000, y la de bronce en Atenas 2004- fue el primero en portar la Antorcha Olímpica que llegó a Buenos Aires y fue trasladada por famosos, ilustres desconocidos y deportistas ciento por ciento olímpicos: la leona Magdalena Aicega, el remero Santiago Fernández, el ciclista Juan Curuchet, la regatista Serena Amato, la patinadora Nora Vega, la nadadora Georgina Bardach y la tenista Paola Suárez, que la entregó a Sabatini.
En total fueron ochenta las personalidades del deporte –y no tanto– que se dan el lujo de tocarla con sus manos y transportarla hasta el Club Hípico.
"Lo que se vive ahi son segundos, pero es impresionante. La experiencia que yo viví en los Juegos Olímpicos no me la olvido jamás y ésto tampoco", dijo Gaby apenas ingresada al predio, aún agitada por la corrida.
"Para mí es un enorme honor ser el primero en portar la Antorcha y trataré de disfrutarlo al máximo. Soy conciente de lo que significa tener la llama olímpica en nuestro país", había manifestado Espínola, quien a las 14,40 horas inició la posta porteña en un hecho que concita la atención del mundo.
LLAMA CON HISTORIA. Nunca jamás el aterrizaje de un objeto inanimado causó tanto revuelo. Mil cámaras, micrófonos y periodistas aguardando por una antorcha que ni siquiera se dejó ver, como si fuera la celebridad más buscada. Encima llegó apagada, porque la antorcha no viaja prendida, sino que se enciende cuando llega a destino.