SIMILAR. Un MD-82 de Spanair como el que se estrelló.
En el segundo más grave accidente aéreo europeo de la última década, 153 personas murieron y 19 resultaron heridas, al estrellarse en el aeropuerto internacional de Barajas un aparato de la compañía Spanair que se dirigía hacia Las Palmas de Gran Canarias, transportando 162 pasajeros y 10 tripulantes, 172 personas en total.
El accidente se produjo a un kilómetro aproximadamente de la Terminal 4 del aeropuerto internacional de Barajas, en la pista 36, conocida por su situación de aislamiento como "la isla".
El avión era un aparato McDonnell Douglas MD-82 con 15 años de antigüedad, que había pasado recientemente todas las inspecciones de seguridad.
Con el número de vuelo JK5022 de la línea aérea Spanair, el aparato debía despegar a las 13, hora local, operando desde el edificio de la estación Tres del aeropuerto que dispone de cuatro grandes terminales. A las 13,05, según los registros, el avión abandonó la puerta de embarque y se dirigió a la pista que le indicaba la torre de control. Pero volvió a ese mismo lugar, en el estacionamiento, a las 13,42, con problemas técnicos que no se han detallado todavía. Después de ser sometido a reparaciones volvió a salir a las 14,25.
El avión carreteó hasta alcanzar la velocidad V3, llamada también "punto de no retorno". En ese momento estalló un incendio en el motor derecho. El piloto levantó la nariz del aparato, que se alzó unos metros, y después se estrelló. El avión se partió en dos, mientras comenzaba un gran incendio provocado por los miles de litros de combustible que llevaba al iniciar su viaje.
"Algunos de los 19 heridos graves tienen quemaduras en todo su cuerpo por lo que son muy difíciles las posibilidades de que sobrevivan", explicó a Clarín una fuente en un hospital donde se atienden la mayoría de los quemados.
Entre los pasajeros se encontraban un bebé, que sobrevivió, y una nena, que falleció cuando la transportaban a un hospital. Al parecer, entre quienes murieron hay un ciudadano chileno, cuatro alemanes y, sin conformar, algunos daneses y suecos.
"Escuchamos una explosión y una gran nube de humo negro. Dentro del avión la gente empezó a gritar. Fue espantoso", relató un ciudadano alemán que llegaba con otro vuelo a una de las pistas de Barajas. Al darse la alarma general, llegaron camiones de bomberos y ambulancias, además de patrulleros de la Policía nacional, municipal y Guardia Civil.
La Policía pidió por radio que los helicópteros de la Comunidad de Madrid, asistencia sanitaria y bomberos se movilizaran para ayudarlos a apagar el incendio. Poco después sobrevolaron la zona varios helicópteros que transportaban en cubos especiales grandes cantidades de agua.
La alarma se transmitió de inmediato a la capital española. La Policía selló todos los accesos a Madrid mientras las autoridades sólo dejaban aterrizar a los aviones que estaban por tocar tierra.
Después, Barajas quedó bloqueado por completo. Se declaró el estado de catástrofe para los hospitales de la zona, los bomberos y Protección Civil. Cuatro centros médicos de campaña se instalaron en el área donde trabajaron 250 sanitarios, 200 policías municipales, un centenar de bomberos con autobombas, 49 vehículos especializados en soporte vital básico y avanzado.
Durante horas se pudieron observar las columnas de humo de los incendios y que dificultaron la tarea de los más de quinientos profesionales.
El presidente José Luis Rodríguez Zapatero interrumpió sus vacaciones en Andalucía y viajó inmediatamente hacia Madrid para solidarizarse con las familias de las víctimas.
Los testimonios de quienes llegaron en primer lugar a los restos del avión estrellado fueron desgarradores. "Es lo más parecido a un infierno que he visto, los cadáveres estaban hirviendo, nos hemos quemado al agarrarlos", dijo un policía. Con una voz en llanto, el conductor de una de las ambulancias explicó: "Yo creí que ya lo había visto todo. Pero, con mis compañeros, quedamos realmente abrumados después de trabajar horas en el lugar."
A la noche, algunos buzos buscaban en un arroyo cercano para comprobar si no habían caído al agua alguna de las personas desaparecidas. Una parte del fuselaje cayó en las riberas del río.