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martes, 12 de agosto de 2008

Nueve mujeres con todas las letras

Entre Ríos
Nueve mujeres con todas las letras
Las flores del arte, la docencia y las investigaciones, a los ojos de otra
mujer apasionada.
Daniel Tirso Fiorotto
De la Redacción de UNO

Reconocidas, queridas, admiradas a veces pero también censuradas,
perseguidas ideológicamente, sino ninguneadas por sus pares del sexo
“fuerte”, y en algún caso con pesadas mochilas de angustia, las mujeres
entrerrianas que siguieron el camino de la docencia, la investigación, las
letras, no pisaron sobre pétalos precisamente, y sus vidas sí que merecen
un capítulo aparte.
En una reciente edición de 15 autores entrerrianos sobre identidades y
patrimonios de esta provincia, denominada Proyecto Bicentenario, la
investigadora paranaense Iris Estela Longo subraya los aportes de nueve
mujeres en las letras de Entre Ríos, con especial énfasis, para este
caso, en aquellas que nos legaron autobiografías.
Es allí donde Longo, de conocida profundidad en la observación y la
valoración de los procesos de las letras entrerrianas, despliega en
abanico los talentos de grandes provincianas ocupadas en la educación, la
Literatura, la Historia, y focaliza así en las obras de Ana María
Garasino, Beatriz Bosch, Ana Teresa Fabani, María Esther de Miguel, Celia
Ortiz de Montoya, Emma Barrandeguy, Gloria Montoya de Daneri, Elsa
Fehleisen de Ibáñez y Emma de Cartosio.
96 años, 400 títulos
Qué decir de la asombrosa cosecha de Beatriz Bosch, con 96 años de vida.
Se ha ocupado con preferencia –dice Longo- de medio siglo de historia
argentina, y su producción alcanza los 400 títulos entre libros,
folletos, monografías y artículos periodísticos.
Ayer señaló Iris Longo ante nuestra consulta que, con casi un siglo de
vida, Beatriz Bosch se encuentra bien de salud, y muy dispuesta al debate
en su departamento de Buenos Aires.
“A la mayor parte de esa tarea la realizó en Paraná (donde había nacido
el 11 de diciembre de 1911), formando discípulos e interviniendo
activamente en sus instituciones culturales. Nos consta que mientras tanto
cuidó amorosamente a sus padres”.
Los premios nacionales de Bosch son numerosos, y más valen cuando se
considera el esfuerzo de esta mujer, cuyos hallazgos son de alto valor para
la comprensión de procesos históricos de esta provincia.
Ante un llamado de la Universidad Nacional de Tucumán para explicar las
razones de una vocación, recuerda Longo, Beatriz Bosch se explayó sobre
sus tareas en la investigación, que la llevaron a ser la primera mujer que
ocupó un sillón en la Academia Nacional de la Historia, y a obtener el
Primer Premio Nacional de Historia de la Subsecretaría de Cultura de la
Nación.
“Nuestra provinciana nos cuenta –en un estilo conversacional, directo,
propio de la confidencia y alejado de la preocupación erudita–, que su
vocación vino con ella al mundo... Tal vez hubiera influido el hecho de
que en su modesto hogar de Paraná, entre los pocos libros a su alcance se
encontraba un tomo de la Historia de Entre Ríos de Benigno Teijeiro
Martínez”.
Urquiza, por abecedario
“A los 20 años obtuvo su título de profesora de Historia y Geografía,
pero no pudo finalizar el doctorado, porque los avatares políticos
–siempre la educación sometida a sus arbitrios– terminaron con la
Facultad paranaense. Desde entonces, dice, se desenvolvió por su cuenta,
‘casi como una autodidacta’”.
“Un día se enteró de que en el Archivo General de la Nación acababa de
depositarse el archivo personal del general Urquiza, donado por sus
descendientes. Fue su gran aventura, confiesa. Y nos invita a imaginarnos a
una joven mujer, perdida en la gran ciudad capital, una mujer que sólo
había salido de su provincia para rendir en Buenos Aires unos concursos
docentes”.
“¡Qué ardua resultó su tarea en un archivo ordenado, no cronológica
sino alfabéticamente!”, valora Iris, de su tía Beatriz.
En los amores prohibidos
Longo analiza también las crónicas de la gualeya Ema Barrandeguy, los
testimonios de su pueblo, y se detiene en la obra Habitaciones. Dice que
hasta allí, lo autobiográfico en sus novelas “se había limitado a la
exposición de recuerdos de infancia... Pero en el espejo en que se mira
ahora la narradora, aparecen dos caras que hasta entonces habían
permanecido en la penumbra... Dos son las cuestiones nuevas que allí
aborda: por un lado, su atracción por las ideologías de izquierda –de
los años 30–, un socialismo y comunismo utópicos, enmarcados en el
existencialismo que reinó durante las décadas siguientes; por el otro, su
introspección sobre la búsqueda personal de un inquietante erotismo, en
la frontera de los amores prohibidos, tema con el que se adelantó a su
época”.
Garasino y sus búsquedas
En una estimación de la obra de Ana María Garasino, Longo recuerda que
esta escritora “fue la primera mujer que en Entre Ríos escribió una
novela –El estanque de Siloé– ambientada en Paraná, y a la que la
crítica de esa época recibió auspiciosamente. Sus 88 años
transcurrieron entre 1898 y 1986”, precisa.
“La trayectoria de Ana María fue conocida en América, y figura en la
Enciclopedia Mundial de la Mujer (Madrid, España), el Diccionario
Enciclopédico Espasa de 1945, y la Gran Enciclopedia Argentina dirigida
por Diego Abad de Santillán”, apunta Iris Longo. Luego señala que
Garasino no enfrentó las luchas contra un medio adverso, “sino las que un
autor libra con la palabra para encontrar su propia manera de decir, esto
es, su estilo”.
En verdad el capítulo de Iris Longo se extiende por otras facetas de las
mujeres entrerrianas, y proporciona aparte un análisis detenido de la
literatura de esta provincia y sus temas, todo un abono para la identidad,
como sus medulosos estudios sobre la relación de Jorge Luis Borges con los
entrerrianos.
Celia Ortiz y sus convicciones
La ligazón entre literatura y pedagogía es puesta de relieve por la
profesora Longo, que recupera la trayectoria de una docente como Celia
Ortiz de Montoya, cuyas convicciones le ocasionaron no pocos trastornos en
el ejercicio de su obra educativa.
“Nos impresionó el dibujo final de una vida que acató el imperativo de
enseñar, y lo hizo durante más de medio siglo en Entre Ríos; con
sencillez y modestia, pero al mismo tiempo con la perfección de quien da
forma a una bella estatua, una canción o un poema, el más conmovedor... A
ella pertenece un opúsculo intenso, revelador, que no vacilamos en incluir
entre las mejores páginas que la especie autobiográfica puede ofrecer en
la provincia, por su fuerza y espontaneidad, el estilo elevado y a la vez
ameno del decir: Mi pasión por la enseñanza”.
“La incomprensión y el recelo la hicieron su presa, y en nombre de la
tradición le imputaron el serio pecado de no conformarse con los modelos
locales”.
“Cuando compuso su Ensayo de educación activa integral, recibió otro
agravio: le prohibieron su publicación... Su Historia de la educación y
la pedagogía, en tres volúmenes, es obra de consulta en las casas de
altos estudios del país y del extranjero”.
María Esther, burla burlando
No podía faltar la entrerriana María Esther de Miguel, que ejercitó la
autobiografía principal y no exclusivamente en su último libro Ayer, Hoy
y Todavía.
“Un asunto recurrente –dice Iris Longo– en sus novelas fue la vida del
pueblo chato, donde las jóvenes alientan inútiles ilusiones mientras se
defienden de las aspiraciones casamenteras de sus madres. La preocupó el
destino de la mujer, abordó su mundo y los abusos que padece, así como
otros conflictos que protagoniza: la soledad, la lucha entre los
sentimientos y la formación religiosa, la misión docente como
sublimación o catarsis, mediante el retrato de heroínas dispuestas a
alcanzar la verdad o la autenticidad, aun a costa de desprenderse
dolorosamente de las ataduras del pasado. Y burla burlando, denunció como
pocas escritoras una de las formas de la violencia que sufren las mujeres:
la violencia doméstica”.
De la alegría familiar a las pesadillas de la muerte
Dice Iris Longo sobre otra entrerriana: “Por este camino de la confidencia
llegamos a la poesía de Emma de Cartosio y su libro Automarginada, donde
da cuenta sin eufemismos de los tormentosos estados psíquicos por los que
atravesó periódicamente su vida. Un desgarrador testimonio
autobiográfico, pocas veces igualado en nuestra literatura. Su Antología
Poética contiene los poemas editados en 1980 que describen con admirable
dignidad el deslizarse de su psiquis por las laderas de la depresión, sus
‘temporadas en el infierno’ que marcaron la entrada y salida de
institutos especializados en marginados sociales, ‘hogares’ a los que
recurría cuando la soledad la cercaba. A la función catártica de esos
versos se sumó el deseo de reconfortar a otras gentes sumidas en parecidos
estados”.
Y llega el turno del “hermoso estilo oral” de Elsa Fehleisen: “Cuenta
que le ha ocurrido, más de una vez, crear un poema mientras cocina, y que
algunos versos le surgieron ‘entre vuelta y vuelta de tortilla’. También
la reconocemos por su defensa del papel de la mujer en la conquista de
América, un protagonismo muy poco mencionado por los historiadores”.
De Gloria Montoya, esa “conjunción de perfumes y colores, de puntos y
comas iluminados”, en plástica y literatura, Iris Longo encuentra
revelador el cuento La jubilación, “en que la protagonista hace un alto
en el tiempo para juzgar su quehacer: por una parte, la docencia, entre
jóvenes que se inician ávidos por beberse todo el arte, todo el saber;
por otra, la más importante, la realidad gozosa de sus hijos. Aquí
lamenta haberles robado horas, urgida por los papeles; pero la inquieta su
tercera vocación, la obra aún por realizar, palpitante en la imagen que
florece en el cristal de una gota suspendida de las glicinas. Glicinas con
las que identificó su infancia en la casa paterna y la vocación por la
poesía”.
Cada cual con su identidad, claro, pero la obra de Ana Teresa Fabani
impactó en forma singular en la visión de Iris Longo. “Una dulce
muchacha que hacía versos en Concepción del Uruguay, fue la autora
–involuntaria tal vez– del testimonio autobiográfico más estremecedor
de la literatura de Entre Ríos. Involuntaria decimos, porque la fatalidad
le había reservado un calvario”.

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