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miércoles, 18 de junio de 2008

El juego de la oca - Jorge Lanata

Jorge Lanata
18.06.2008
Noventa y ocho días después, como en un juego de la oca, todo vuelve a comenzar. Pero no es un juego. Y no hay ocas. Y nada vuelve a comenzar igual. El mismo gobierno que decidió aumentar las retenciones sin consultar a nadie ahora anuncia el paso del asunto al Congreso como una concesión magnánima.

–En siete meses, nunca, nunca dicté un decreto de necesidad y urgencia –dijo Cristina, y luego hizo un pequeño silencio para los aplausos.

“He sido menos autoritaria que Néstor”, parecía querer decir. Néstor, a su izquierda, sentado al lado de Julio De Vido, aplaudía. (Un par de horas antes, su compañero de banco pronunció la mejor frase de un día de frases, que quizá quede hoy injustamente olvidada por el fárrago de los presidentes. Ayer De Vido, señores, habló de los “valores de la República”.)

El camino que el Gobierno propuso ayer figura, hace años, en la Constitución (esa ley fundamental que nunca cumplimos pero que cada tanto queremos cambiar). Lo dice el artículo 4: “El Gobierno federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional (...) de las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso (...)”; el artículo 17, luego de referise a la condición inviolable de la propiedad, dice: “Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el art. 4°”. Y el artículo 52: “A la Cámara de Diputados corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes sobre contribuciones”. El Gobierno, por su parte, sostiene que las retenciones no son un impuesto. Y no sólo contradice la ley, sino
también el diccionario. La Real Academia Española define, en la acepción “tributaria”: “Descuento que se practica sobre un pago para la satisfacción de una deuda tributaria”. Por otro lado, si no es un impuesto, ¿por qué discutirlo entonces en el Congreso? Imaginémoslo, en honor a Caparrós, un cuasi-impuesto, y todos comeremos perdices. Pero ¿fue eso todo lo que pasó? ¿Ése era el problema que se discutió durante 98 días? La insólita imagen del presidente Kirchner en conferencia de prensa, sonriente, amable y movedizo como en una emisión de Polémica en el bar permitió mirar un poco debajo de la alfombra: Néstor está convencido de que el cacerolazo no fue multitudinario ni espontáneo, de que sectores ligados a la represión le brindaron logística y de que la Gendarmería “acunó” a De Angeli, y “ni lo tocaron”. En ese momento, el presidente “chapeó” con su pasado combativo: “Con Cristina estuvimos presos”, dijo. Los afiliados presentes aplaudieron como si se tratara de Nelson Mandela. Néstor K estuvo preso junto al diputado Rafael Flores durante dos noches, en marzo de 1977. Que se sepa, la presidenta nunca estuvo en esa condición. El presidente, también, habló de doble discurso y se lo adjudicó al campo y a los medios. Hace algunos días, un alto funcionario del Gobierno me decía, hablando de la crisis:

–Ya pasamos por esto.

–¿Cuándo? –le pregunté.

–Con Blumberg.

Será difícil arreglar algo que ni siquiera se puede ver.

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