Cien días de conflicto demuestran que el enfrentamiento entre el Gobierno y el campo no es una tarea fácil de resolver. Al girar al Congreso la definición del tema de las retenciones, el Gobierno no sólo puso en evidencia la debilidad política que tiene para solucionar un tema del que repitió hasta el cansancio que era un resorte de su exclusividad, sino que también concentró en el Parlamento y en los legisladores todas las presiones que hasta el momento se expresaban en las rutas, en asambleas populares, actos públicos y en los medios de comunicación.
“No se puede perturbar la vida familiar”, dijo el titular de la bancada kirchnerista en la cámara Baja, Agustín Rossi, después de hacer responsables a los titulares de las cuatro entidades rurales ante cualquier hecho de violencia que pudiera ocurrir en las “visitas” a los domicilios particulares de los diputados. Esa medida había sido anunciada por el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, para el próximo fin de semana.
El proyecto del Gobierno comenzará a discutirse el lunes en la reunión plenaria de las comisiones de Agricultura y Presupuesto. La apuesta es fuerte. Algunos la consideran definitoria. “Estamos en problemas. Si la ley se sanciona sin modificaciones, habremos ganado, pero el conflicto continúa. Si en cambio el proyecto se cae, la derrota traerá más dificultades al Gobierno”, concluye un destacado parlamentario kirchnerista que habla con este diario pidiendo la reserva de su nombre.