En el verano, Román avisó que Boca iba a ganar el superclásico que servía: o sea, el de hoy. Después de 49 días, Ortega vuelve a ser titular. Los símbolos de Boca y de River, más que nunca, serán claves en un partido único. A las 15.10, en la Bombonera, chocan los planetas.
La promesa de Román
Se despedía el caluroso enero. El Clausura y la Copa, a esa altura, ya aparecían en el horizonte y los equipos se encontraban en la parte final de la puesta a punto. Boca venía de ganarle a River en el primer superclásico del año, en Mar del Plata, con una gran actuación de Riquelme. Y en plena previa del segundo Súper, a jugarse en Mendoza, Román, que se lo iba a perder por su compromiso con el Sub 23 (amistoso ante Guatemala en Estados Unidos) lanzó una chicana-sentencia: "El clásico más importante no fue el que ganamos en Mar del Plata ni el que se va a jugar en Mendoza sino el del campeonato, el de la fecha 13. Será en cancha de Boca y le vamos a ganar otra vez". Ese clásico, el más importante, ya llegó. Y hoy, un Riquelme enchufado, con ganas, tiene esa promesa por cumplir...
Lo vive de una manera especial, qué duda cabe. Por su condición de ídolo y también de hincha. Porque si bien el profesionalismo suele enfriar las pasiones, Román no cambió mucho de aquel joven Román que lloraba en la oficina de su representante cuando le comunicaban que se iba de Argentinos para pasar a River. El pase que pudo haber cambiado la historia finalmente no se hizo y el 10 que en ese entonces era 5 rumbeó hacia la Boca. Ahí, con la azul y oro, brilló casi siempre que enfrentó a la banda roja. La tarde que inventó el Topo Gigio, la noche del histórico caño a Yepes, la del tiro libre al ángulo de Bonano en el Monumental... Será su Súper oficial N°13. Hasta ahora, tiene el envidiable promedio de 7,71. ¿Algún otro jugador la rompió tanto en los Boca-River?
Llega, en lo personal, en pleno ascenso en cuanto a rendimiento, buscando su mejor versión, que aún está lejos del Riquelme determinante de la Libertadores 07. El desgarro que lo dejó un mes afuera le cobró factura en la sintonía fina de sus pases y en la cuestión física, pese a que esta última no sea una de sus virtudes. Pero lo tapó con goles. El toque mágico ante Maracaibo o el que le convirtió a Cruzeiro. "Mientras se recuperaba, pensaba en la Copa y en llegar de la mejor manera al partido con River", explicó un allegado al 10.
Como para entrar en ritmo, ya esta semana hizo alusión al rival, con un tiro por elevación. Casi al pasar, luego del 2-1 del miércoles, sentenció: "El planteo de Cruzeiro no me sorprendió. Nadie nos sale a atacar en nuestra cancha". Una declaración sin ironías en otro momento. Menos si el próximo rival que va a jugar en la Bombonera es River. "Es especial, la gente lo vive diferente y nosotros también. Ahí seremos 11 contra 11. Esto es fútbol", dijo. ¿Será que por esa forma de sentir el fútbol rinde tanto en estos duelos donde a muchos les pesa la responsabilidad? Hoy, irá por el triunfo que pronosticó. Las promesas están para ser cumplidas...
El sueño de Ortega

Sueña él y hace soñar a todos. Y ni hablar si se despierta...
Entiende el juego como ninguno. Sabe respirar superclásicos, un valor agregado que no se negocia, así como Simeone cataloga al esfuerzo de sus equipos. Cerró los ojos, hizo fuerza, juntó minutos en los últimos partidos como si se tratara de oxígeno, apretó las muelas, movió la cintura, en esos bamboleos candentes que ya son una marca registrada... Y acá está. Ariel Ortega de cara a su sueño. Boca. Otro superclásico. El alma en cada gambeta. La sonrisa contagiosa. El ídolo de River en busca de otro escalón de ese podio intocable, de otro festejo carnavalesco en La Bombonera, como cuando el jujeño celebró de cara a las dos (entonces eran dos) bandejas llenas de hinchas en el Clausura 94, o de otro revoleo de camiseta, vení, vení, bailá conmigo, como en el Apertura de ese mismo año, tras convertir el segundo gol para ese 3-0 de un River que una semana después lograría el título en forma invicta.
Por segundo entrenamiento consecutivo, el Cholo lo ubicó entre los titulares. Por segundo día consecutivo, el Burrito evitó pellizcarse, no sea cosa que... No, realidad ciento por ciento, nomás. Ahora empieza a tener otro sentido aquella frase de Simeone, cuando la semana recién se iniciaba y todavía San Lorenzo aparecía antes que Boca en el horizonte. "En los partidos importantes aparecen los jugadores importantes". ¿Y quién, entre todos los que conforman el plantel de River, más importante que Ortega?
"Ariel es River puro. Va a dar todo lo que tiene si le toca jugar. Ha jugado muchísimos partidos de estos. En uno, hasta cambió una lista de un Mundial, cuando en el '94 bailó a Mac Allister y se metió en el Mundial dejando afuera al mismo Colorado", recordó ayer José María Aguilar, autoproclamado uno de los más fervientes simpatizantes del jujeño.
Con 34 años y una carrera llena de aristas cinematográficas, Ortega volverá a pisar La Boca después de seis años, tras aquel 3-0 de la vaselina de Rojas. Y luego de una actuación rimbombante en el último superclásico, el 2-0 en el Monumental, en el que metió un penal y un cañazo a Paletta (hoy, lesionado) casi tan indeleble como el de Buonanotte a Neri Cardozo. "Ganarle a Boca es hermoso. Son los partidos que más quiero jugar", explicaba el Burrito tras la última conquista. Y todo esto, salteando su incidencia en los superclásicos veraniegos, primero anunciando que "queremos pasarlos por arriba" y luego vengando aquel 0-2 con un 3-2 y otro grito de penal.
Tras su última recaída, no volvió a hacer declaraciones. Su última vez como titular en el torneo fue hace 49 días, contra Racing. La cinta aguarda lista para el rec, porque su película no terminó, porque otro sueño recién está empezando...

Se despedía el caluroso enero. El Clausura y la Copa, a esa altura, ya aparecían en el horizonte y los equipos se encontraban en la parte final de la puesta a punto. Boca venía de ganarle a River en el primer superclásico del año, en Mar del Plata, con una gran actuación de Riquelme. Y en plena previa del segundo Súper, a jugarse en Mendoza, Román, que se lo iba a perder por su compromiso con el Sub 23 (amistoso ante Guatemala en Estados Unidos) lanzó una chicana-sentencia: "El clásico más importante no fue el que ganamos en Mar del Plata ni el que se va a jugar en Mendoza sino el del campeonato, el de la fecha 13. Será en cancha de Boca y le vamos a ganar otra vez". Ese clásico, el más importante, ya llegó. Y hoy, un Riquelme enchufado, con ganas, tiene esa promesa por cumplir...
Lo vive de una manera especial, qué duda cabe. Por su condición de ídolo y también de hincha. Porque si bien el profesionalismo suele enfriar las pasiones, Román no cambió mucho de aquel joven Román que lloraba en la oficina de su representante cuando le comunicaban que se iba de Argentinos para pasar a River. El pase que pudo haber cambiado la historia finalmente no se hizo y el 10 que en ese entonces era 5 rumbeó hacia la Boca. Ahí, con la azul y oro, brilló casi siempre que enfrentó a la banda roja. La tarde que inventó el Topo Gigio, la noche del histórico caño a Yepes, la del tiro libre al ángulo de Bonano en el Monumental... Será su Súper oficial N°13. Hasta ahora, tiene el envidiable promedio de 7,71. ¿Algún otro jugador la rompió tanto en los Boca-River?
Llega, en lo personal, en pleno ascenso en cuanto a rendimiento, buscando su mejor versión, que aún está lejos del Riquelme determinante de la Libertadores 07. El desgarro que lo dejó un mes afuera le cobró factura en la sintonía fina de sus pases y en la cuestión física, pese a que esta última no sea una de sus virtudes. Pero lo tapó con goles. El toque mágico ante Maracaibo o el que le convirtió a Cruzeiro. "Mientras se recuperaba, pensaba en la Copa y en llegar de la mejor manera al partido con River", explicó un allegado al 10.
Como para entrar en ritmo, ya esta semana hizo alusión al rival, con un tiro por elevación. Casi al pasar, luego del 2-1 del miércoles, sentenció: "El planteo de Cruzeiro no me sorprendió. Nadie nos sale a atacar en nuestra cancha". Una declaración sin ironías en otro momento. Menos si el próximo rival que va a jugar en la Bombonera es River. "Es especial, la gente lo vive diferente y nosotros también. Ahí seremos 11 contra 11. Esto es fútbol", dijo. ¿Será que por esa forma de sentir el fútbol rinde tanto en estos duelos donde a muchos les pesa la responsabilidad? Hoy, irá por el triunfo que pronosticó. Las promesas están para ser cumplidas...
El sueño de Ortega

Sueña él y hace soñar a todos. Y ni hablar si se despierta...
Entiende el juego como ninguno. Sabe respirar superclásicos, un valor agregado que no se negocia, así como Simeone cataloga al esfuerzo de sus equipos. Cerró los ojos, hizo fuerza, juntó minutos en los últimos partidos como si se tratara de oxígeno, apretó las muelas, movió la cintura, en esos bamboleos candentes que ya son una marca registrada... Y acá está. Ariel Ortega de cara a su sueño. Boca. Otro superclásico. El alma en cada gambeta. La sonrisa contagiosa. El ídolo de River en busca de otro escalón de ese podio intocable, de otro festejo carnavalesco en La Bombonera, como cuando el jujeño celebró de cara a las dos (entonces eran dos) bandejas llenas de hinchas en el Clausura 94, o de otro revoleo de camiseta, vení, vení, bailá conmigo, como en el Apertura de ese mismo año, tras convertir el segundo gol para ese 3-0 de un River que una semana después lograría el título en forma invicta.
Por segundo entrenamiento consecutivo, el Cholo lo ubicó entre los titulares. Por segundo día consecutivo, el Burrito evitó pellizcarse, no sea cosa que... No, realidad ciento por ciento, nomás. Ahora empieza a tener otro sentido aquella frase de Simeone, cuando la semana recién se iniciaba y todavía San Lorenzo aparecía antes que Boca en el horizonte. "En los partidos importantes aparecen los jugadores importantes". ¿Y quién, entre todos los que conforman el plantel de River, más importante que Ortega?
"Ariel es River puro. Va a dar todo lo que tiene si le toca jugar. Ha jugado muchísimos partidos de estos. En uno, hasta cambió una lista de un Mundial, cuando en el '94 bailó a Mac Allister y se metió en el Mundial dejando afuera al mismo Colorado", recordó ayer José María Aguilar, autoproclamado uno de los más fervientes simpatizantes del jujeño.
Con 34 años y una carrera llena de aristas cinematográficas, Ortega volverá a pisar La Boca después de seis años, tras aquel 3-0 de la vaselina de Rojas. Y luego de una actuación rimbombante en el último superclásico, el 2-0 en el Monumental, en el que metió un penal y un cañazo a Paletta (hoy, lesionado) casi tan indeleble como el de Buonanotte a Neri Cardozo. "Ganarle a Boca es hermoso. Son los partidos que más quiero jugar", explicaba el Burrito tras la última conquista. Y todo esto, salteando su incidencia en los superclásicos veraniegos, primero anunciando que "queremos pasarlos por arriba" y luego vengando aquel 0-2 con un 3-2 y otro grito de penal.
Tras su última recaída, no volvió a hacer declaraciones. Su última vez como titular en el torneo fue hace 49 días, contra Racing. La cinta aguarda lista para el rec, porque su película no terminó, porque otro sueño recién está empezando...
