En su intento por resolver el conflicto con el campo, el Gobierno comenzará a negociar desde hoy las nuevas propuestas de reintegros y compensaciones a los pequeños productores de "manera tal que en números signifique volver a las retenciones anteriores al 11 de marzo", según dijeron.
Pero la iniciativa ya provocó el rechazo del agro. Según los productores, en las compensaciones de 2007, no sólo no lograron enfriar los precios domésticos y controlar la inflación, sino que terminaron, en su mayoría, en manos de las grandes industrias.
El sistema de compensación a los agroalimentos se instauró en enero del año pasado para detener la suba de los precios internos, empujada por el boom de las commodities a nivel mundial. Y, si bien el objetivo era satisfacer a las demandas de los productores, el 86 por ciento de los 1524 millones de pesos que el Gobierno repartió se destinaron a los molinos harineros, industrias aceiteras, procesadoras avícolas y usinas lácteas.
El sistema implicó un mecanismo de subsidio cruzado, es decir, que a partir de la suba del 4 por ciento a las retenciones de la soja y derivados se creó un fondo de 400 millones de dólares -más otros 100 millones del Tesoro Nacional- para frenar la suba de productos como el pan y la leche.
A más de un año de su aplicación, el sistema repartió 1524 millones de pesos entre 37.323 beneficiarios. Los principales beneficiados de los subsidios fueron los molinos trigueros (que recibieron 366 millones de pesos), las usinas lácteas (343 millones), las aceiteras (282 millones) y las faenadoras de pollos (257 millones). Los que menos recibieron fueron los tamberos, con 80 millones y son los que más quejas tienen contra el sistema.
Entre las empresas que reciben compensaciones están Molinos Río de la Plata, los molinos Cañuelas y Andrés Lagomarsino; las aceiteras General Deheza, Nidera y Oligra; las lácteas Mastellone (La Serenísima) y Sancor y los firmas avícolas Granja Tres Arroyos, Rasic y Soychú.
Pero la iniciativa ya provocó el rechazo del agro. Según los productores, en las compensaciones de 2007, no sólo no lograron enfriar los precios domésticos y controlar la inflación, sino que terminaron, en su mayoría, en manos de las grandes industrias.
El sistema de compensación a los agroalimentos se instauró en enero del año pasado para detener la suba de los precios internos, empujada por el boom de las commodities a nivel mundial. Y, si bien el objetivo era satisfacer a las demandas de los productores, el 86 por ciento de los 1524 millones de pesos que el Gobierno repartió se destinaron a los molinos harineros, industrias aceiteras, procesadoras avícolas y usinas lácteas.
El sistema implicó un mecanismo de subsidio cruzado, es decir, que a partir de la suba del 4 por ciento a las retenciones de la soja y derivados se creó un fondo de 400 millones de dólares -más otros 100 millones del Tesoro Nacional- para frenar la suba de productos como el pan y la leche.
A más de un año de su aplicación, el sistema repartió 1524 millones de pesos entre 37.323 beneficiarios. Los principales beneficiados de los subsidios fueron los molinos trigueros (que recibieron 366 millones de pesos), las usinas lácteas (343 millones), las aceiteras (282 millones) y las faenadoras de pollos (257 millones). Los que menos recibieron fueron los tamberos, con 80 millones y son los que más quejas tienen contra el sistema.
Entre las empresas que reciben compensaciones están Molinos Río de la Plata, los molinos Cañuelas y Andrés Lagomarsino; las aceiteras General Deheza, Nidera y Oligra; las lácteas Mastellone (La Serenísima) y Sancor y los firmas avícolas Granja Tres Arroyos, Rasic y Soychú.
